A los del infierno
les pesa el agua encima
alrededor.
Un océano está de lágrimas de Dios
rodeándolos por sus terquedades
y, los del Cielo -que si te confieso, en algo contristan celebrando
y espèran al recibido del purgatorio,
para que el mar no termine por ahogar a La Tierra.

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