Bonita,
Te brillaron los tímpanos
hasta las pupilas
el sábado pasado,
mientras me perdonabas.
Y no me sentí menos cogido
por el radio de esos círculos,
cuando en los días anteriores
solo estabas recostada
y yo te apretaba
de las rodillas hasta los pies.
Se les creció tanto el diámetro
que, de fricción, electricidad y fuego,
el borde pasó a calentar,
siendo un hálito de plasma, el aire
que abrazándonos.
La estática, creo, me dio un raspón
que te incorporó a mí,
o no habrá sido por el hilo electrónico que,
de un golpe, me asestaste
en la mejilla
y todas tus fuerzas de amor.

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