Anoche
tu cabeza durmió bajo mi mano
o mi mano soñaba entre tus cabellos
pausa por pausa
cabello por cabello.
Cada uno llevaba un grupo,
y cada mechón,
bueno,
era una historia.
Cada historia me contaba lo que descansaba en tus ojos
adormilando dentro de la cubierta teresa y dulce
porque en tus párpados veía que era yo el que te veía desde un tiempo pequeño y lento.
Tú me recogías,
y tu cabeza venía pequeñita a mi mano,
a agarrarme llena de nuevas historias.
Sólo abrías un poquito el párpado,
para que salieran brillando, de tu vista,
las horas de la luz.

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